Formación: Arco iris del deseo

Arco iris del deseo

A cargo de Jordi Forcadas

Intensivo de verano

Mediante técnicas introspectivas se trabajarán las opresiones interiorizadas del grupo. El objetivo final es dotar a los alumnos de herramientas de extraversión para visualizar las opresiones internas y dándole forma enfrentarlas. El proceso consistirá a ir desde dentro hacia fuera buscando como vienen dadas las diferentes opresiones en el ámbito social y acabaremos intentando llevarlas a escenas de teatro foro.
Trabajaremos sobre los tres conceptos del Boal padre. Detectar como vayamos incorporando el opresor adentro nuestro a través de la sociedad (familia, amigos, educación, política, leyes, patria, economía, religión) fenómeno denominado Ósmosis social. El segundo punto es trabajar la «Metaxis» como capacidad de crear imágenes de tu opresión y a la vez mantener una visión externa que me permita un análisis y critica. Y el tercer punto es la inducción analógica para conseguir trabajar las opresiones internas como opresiones colectivas y así todas las participantes pueden reconocerse a la opresión. Para este trabajo es importante que el alumnado conozca el Teatro del Oprimido.
Fechas: 2 al 4 de julio.
Horarios: Viernes 2 de 18h a 21h, sábado 3 de 9,30h a 17,30h y domingo 4 de 9,30h a 13,30h
Total horas: 3+7+4 = 14

Precios:
Público en general: 160 €
Asociados y estudiantes de Pa’tothom: 130 €
Si te inscribes antes del 15 de junio: 140 €

 

Augusto Boal explicaba: «Desde 1976, primero en Lisboa y poco después en París, empecé a trabajar en varios países europeos. En mis talleres de Teatro del Oprimido comenzaron a aparecer oprimidos víctimas de «opresiones» que me eran desconocidas. Trabajaba mucho con inmigrantes, profesores, mujeres, obreros, gente que sufría las mismas opresiones que tan bien se conocen en América Latina: el racismo, el sexismo, las malas condiciones laborales, los salarios bajos, los abusos policiales, etc. Pero junto a éstas, surgieron la «soledad», la «incapacidad de comunicarse», el «miedo al vacío» y otras muchas más. Para alguien que huía de dictaduras explícitas, crueles y brutales, resultaba natural que estos temas parecieran superficiales y poco dignos de atención. Era como si, involuntariamente, siempre me preguntara: «Vale, de acuerdo, pero ¿dónde están los «polis»?». Porque estaba acostumbrado a trabajar con opresiones concretas y visibles.»